Congreso Latinoamericano de Minería posiciona la ecología integral como brújula ética frente al impacto de la minería en la región.

San José, Costa Rica. Los días 17 y 18 de julio de 2026, la Universidad Católica de Costa Rica fue sede del Congreso Latinoamericano Impacto Socioambiental de la Minería, organizado por el Observatorio Socioambiental Laudato si’ de Oducal

La actividad contó con el respaldo de la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR) y del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), así como con la participación y colaboración de diversas organizaciones académicas, sociales y eclesiales. Entre ellas destacan la Red Iglesias y Minería, el Parlamento Cívico Ambiental, el Movimiento Laudato si’, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y la Fundación Konrad Adenauer (KAS).

El encuentro internacional reunió cerca de cien participantes procedentes de 13 países, así como a 17 ponentes latinoamericanos. También contó con la representación del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede.

Durante las dos jornadas, representantes de la academia, comunidades locales, instituciones públicas, empresas, organizaciones ambientales y entidades eclesiales analizaron el presente y el futuro de la actividad minera desde la perspectiva de la ecología integral.

Un diálogo entre la ciencia, la fe y los territorios.

El Congreso se estructuró en torno a cinco ejes temáticos: Tender puentes para la casa común; Gobernanza, regulación y responsabilidad institucional; Impactos socioambientales en territorios y comunidades; Propuestas de desarrollo: buenas prácticas y transformación sostenible; y Ecología integral humanista.

Como parte de la metodología, se desarrollaron conferencias magistrales, paneles de especialistas y espacios de intercambio. Además, durante la jornada de cierre se organizaron seis mesas de trabajo orientadas a promover el encuentro, la escucha y el diálogo entre los participantes, con el propósito de identificar puntos de consenso y formular propuestas relacionadas con los desafíos de la actividad minera en América Latina.

La metodología empleada favoreció un diálogo franco y respetuoso, haciendo posible encontrar puntos de encuentro en asuntos de alta complejidad, desde un análisis fundamentado en evidencia académica, apertura al diálogo y respeto mutuo.

Una de las principales premisas planteadas fue la necesidad de hablar de “las minerías”, en plural, debido a que sus características y repercusiones varían considerablemente según la escala de la actividad —artesanal o industrial—, el mineral extraído, la tecnología utilizada y el tipo de explotación, ya sea a cielo abierto o subterránea.

La ética por encima de la demanda tecnológica

Especialistas y representantes de distintos sectores coincidieron en que la transición energética mundial, aunque requiere minerales considerados críticos, no debe interpretarse como una autorización ética para realizar actividades extractivas de manera indiscriminada. En las sesiones plenarias se enfatizó que la demanda tecnológica no convierte automáticamente cualquier forma de extracción en una actividad compatible con el desarrollo humano integral.

También se señaló que la riqueza mineral, cuando no está acompañada de una gobernanza sólida, marcos regulatorios adecuados y mecanismos efectivos de participación ciudadana, puede convertirse en una importante fuente de conflictos socioambientales.

De manera particular, se manifestó preocupación por las amenazas y los riesgos que enfrentan las personas defensoras del ambiente y de los territorios en América Latina. Ante esta realidad, se destacó la necesidad de fortalecer las medidas destinadas a proteger su vida, integridad y labor.

Hacia un modelo de evaluación riguroso

A partir de las conferencias, los paneles y las mesas de trabajo desarrollados durante las dos jornadas, se identificaron seis criterios que deberían orientar la valoración de cualquier propuesta minera:

  1. Legalidad y principio de no regresión ambiental. 
  2. Evidencia técnica independiente. 
  3. Distribución justa de los beneficios y los riesgos. 
  4. Participación ciudadana efectiva. 
  5. Trazabilidad de los materiales y las sustancias tóxicas. 
  6. Restauración ambiental integral y debidamente financiada. 

De acuerdo con las conclusiones del encuentro, los proyectos que no cumplan rigurosamente estos criterios no deberían avanzar. Asimismo, se recalcó que la protección del agua, los territorios y los servicios ecosistémicos debe prevalecer sobre los beneficios económicos inmediatos.

La Ecología Integral como brújula

El Congreso concluyó con un llamado a asumir la ecología integral como una brújula ética para la toma de decisiones. Esta perspectiva sitúa en el centro la dignidad de la persona, el bienestar de las comunidades y el cuidado de la casa común.

El propósito, según se destacó, no consiste en imponer una postura o ganar un debate, sino en construir caminos de entendimiento que permitan proteger la vida, los territorios, los ecosistemas y la institucionalidad democrática.

Los resultados del encuentro, incluidas las propuestas de consenso y las lecciones derivadas de experiencias en Costa Rica, la Amazonía y Centroamérica, serán sistematizados en un documento final. Este informe será entregado al Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) y al Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede, como un aporte académico y humanista al análisis de la realidad socioambiental de la región.